El horizonte se desliza por tu piel,
la misma que llegó tras la niebla,
en aquella estación –que quise- fuera de un solo sentido;
la misma
que se perdía en aquella playa
más allá de nuestro mar
donde la luna jugaba a esconderse
en el lecho profundo de nuestras vidas.
No sé si era octubre, tal vez mayo, tal vez
el tiempo ya no existiese y quedaran atrás
las letanías intensas de otra primavera, de otra luz
que tanto fue buscada. Una certeza
se abrió paso entre la arena
¡No lo sabíamos!
Pero nos estaba esperando.