Las horas pasaban con la mirada perdida en el horizonte, repasando lecturas, vivencias y expectativas. Claudio repasaba el vino de su copa, mientras pensaba en la ciudad como origen y destino de sentimientos invisibles...

viernes, 3 de junio de 2011

Córdoba 2016

Uno de los valores más importantes para este blog, desde su inicio hace ahora dos años, ha sido la defensa de nuestras tradiciones, nuestra cultura, y así lo hemos demostrado con categorías como Paseos por San Lorenzo o Historia.

Hoy cambiamos por un día el morado de nuestros corazones por el azul de la Capitalidad Cultural, para demostrar a Europa que, aunque las cofradías quedaran fuera del proyecto de capitalidad, la cultura no queda fuera de nuestras cofradías y por supuesto, de nuestra fe.


Desde Costaleros del Calvario deseamos que el proyecto Córdoba Capital Europea de la Cultura 2016 se haga realidad, a partir de hoy mismo, cuando Córdoba será visitada por última vez por el jurado, para tener una vez más la posibilidad de mostrar a Europa entera no sólo nuestra cultura, sino como dijo el anterior Vicario General de la Diócesis don Fernando Cruz Conde, la Fe que crea Cultura.

Cultura que aprendemos desde niños; aquella que aprendemos de brazos de nuestros padres cuando todo lo nuevo nos asusta.


Cultura que nos hace agarrarnos a la esperanza de poder seguir caminando cuando somos plenamente partícipes de ella.

Cultura que no nos deja solos cuando nos soltamos de nuestros mayores, pues ellos están siempre detrás corrigiéndonos.

Cultura de nuestros mayores, pero sobre todo, la Cultura que tenemos la obligación de dejar a nuestros hijos, para que ellos, sean tan felices y bienaventurados como nosotros.

martes, 31 de mayo de 2011

El amanecer imposible


Pasaron demasiadas tardes dormitando a la hora de la siesta; demasiadas noches donde se le ganaban segundos al sueño y se alimentaba el insomnio entre libros y relatos de otro tiempo con la esperanza de que al amanecer todo fuera distinto. Pero nada cambió. Las mañanas se repitieron entre la humedad de la calle y la indiferencia de sus transeúntes.

Por San Agustín, desde Parras a Zarco, ya no galopaba la caballería –de azul y oro- en busca de la procesión que jamás pudo ver Mesa. Por San Lorenzo no se aparecía el Arcángel a Roelas –mientras la calle que nombraba a este último sigue abandonada a su suerte y a la indiferencia hiriente de quienes nunca debieron olvidarse de que habían de cuidarla-; por el Realejo una plaza rompía la homogeneidad  de paredes encaladas, de patios entre callejuelas olvidadas; y en una capilla olvidada seguía anclado a la penumbra el templete de la Virgen que se veneraba en Portugal, pero también, en san Juan de Letrán.

De aquella capilla sólo queda una plaza y de Santa María de Gracia ni siquiera la Portería. Sin embargo, en ese enclave posmoderno –paradójicamente insertado en el núcleo mismo de la historia de la ciudad- la portería pasará a nombrarse como Nuestra Señora de Villaviciosa y, tal vez, en algún momento los que olvidaron se recuperen de la amnesia.

lunes, 30 de mayo de 2011

La Cruz de los Jóvenes

“Felicidad y cruz no configuran sólo el enigma finito-infinito del hombre, imagen de Dios, sino también el misterio estricto del Dios hecho hombre. Algo le sucede a Dios mismo en la cruz. Esta, sin pertenecer a su esencia, afecta de hecho al corazón de ella, que es la Trinidad” (Armendariz Luis M., Sal Terrae).


La cruz es uno de los símbolos ineludibles de la fe que, no sólo se profesa, sino que se siente y se vive. Una fe – aludida en cada gesto cotidiano-, representada horizontal y verticalmente en el madero que alcanza cada aspecto más allá de la Semana Santa o de las fiestas populares que la portan en su raíz. Una cruz que se porta, lejos de la pretensión, en el seguimiento del misterio encarnado. Una cruz a la que se reza y se sigue a cada momento, imbuidos en la esperanza eterna de la salvación.


Nos encontramos en la antesala de la llegada a Córdoba de la Cruz de los Jóvenes que servirá de prólogo a la Jornada Mundial de la Juventud, a celebrar en Madrid el próximo mes de agosto. Las cofradías cordobesas la portarán, como testigo candente de nuestra fe, desde María Auxiliadora a la Catedral en un Via Lucis que no será sino muestra inequívoca del misterio estricto del Dios hecho hombre; de que el compromiso camina hacia un horizonte infinito mucho más lejano de los días cenitales en que se rememora la Pasión.

viernes, 27 de mayo de 2011

El Paño de la Verónica

Hay un espacio que transita más allá de las hojas plastificadas y macilentas de cualquier álbum guardado en un cajón; un lugar donde la imagen cobra una carta de naturaleza distinta y eficaz; un rincón para descubrir las nostalgias pretéritas de estampas tan reciecientes como antiguas; una atmósfera virtual y cercana al click que nos devuelve al tiempo que ya no regresa.

Durante los últimos días hemos podido acceder, a través del blog de los costaleros del Calvario, a esos espacios, lugares y rincones de la imagen -impresa en la web- de la pasada Semana Santa. Sometidas a la libertad pública del voto de los internautas, las fotografías presentadas al concurso de "El Paño de la Verónica" atestiguan como la tradición puede evolucionar desde el más inmediato presente sin perder un ápice del encanto atávico de la tradición.

Estas líneas sólo prentenden ser una sencilla enhorabuena a quienes han impulsado una iniciativa que, desde un blog, acercan a nuestras cofradías a una realidad social en la que su cabida es cada vez más patente y necesaria para seguir transmitiéndola, ahora, desde los foros contemporáneos.

viernes, 20 de mayo de 2011

La Virgen de la Salud (II parte)


Por el Alcázar Viejo las procesiones se vestían de rogativas camino de la Fuente de la Salud. En busca de la Imagen milagrosa, la urbe volcaba su fe hacia un punto de su geografía donde todo cuanto ocurría parecía inmortal. Pero las pasiones humanas se agotan en el hastío de su propia debilidad y en la amnesia fingida de los corazones. Y las fechas se disuelven en los almanaques como si nunca hubieran existido. Y el rojo delimita la celebración sin más motivo que el de celebrarla.

En septiembre, por su festividad, la velada nos congregaba en torno a la patrona de las cofradías. En mayo, conmemorándola, una feria llevaba su nombre. Sin embargo, el tiempo caprichoso y desmemoriado quiso que esa feria fuese apellidada con el mes que la concita; que de la Salud no se recordara ni siquiera su ermita, tan sólo una necrópolis relevante por la enjundia de uno de sus difuntos. Y Córdoba fue obviando que, cada 25 del quinto mes del año, su fiesta lo fuera menos porque apenas se recuerdan los motivos que la originaron.

Apenas nos queda la monumentalidad de la ciudad en muchos sentidos y un sustrato con un templo, un foro, una basílica, una mezquita, una catedral, una puerta de entrada y un custodio rematando el urbanismo de la memoria. Apenas nos queda nuestra propia ciudad, la misma que –como los malos alumnos- tendremos que recuperar en septiembre porque en mayo ya suspendimos su examen.

jueves, 19 de mayo de 2011

La Virgen de la Salud (I parte)


Cuentan que ya había gente antes y, sin embargo, la ciudad cobró vida frente al primer templo. Desde el foro a la basílica de San Vicente, la herencia romana se vistió de Mezquita entre fustes y capiteles de un esplendor acrecentado sobre el puente que vería cruzar las centurias desde las atalayas de la historia. Y, desde aquel patio con un único  olivo, tras las celosías se edificó un coro, un altar y una capilla con el lignum crucis.

Un templo, un foro, una basílica, una mezquita, una catedral, una puerta de entrada y un custodio rematando el urbanismo de la memoria de cada habitante que la sueña, porque a cada segundo la va perdiendo algo más de lo que el espíritu considera recomendable.

Y lo acontecido se proyecta en el agua; la misma que refracta el río que abandonamos; la misma que brotaba de las fuentes de las que emanó la devoción popular de una Córdoba que, en demasiadas ocasiones, no es capaz de recordarse y, ni tan siquiera, de llamarse por su propio nombre, aquel de Colonia Patricia sobre el que comenzó a caminar.

Y, en aquellos pozos, junto al santuario de la Fuensanta uno -con el recuerdo pagano y pretencioso de otras anécdotas-, cercano a la futura ermita de la Salud el otro, la piedad fue torneándose alrededor de aquellos nombres con los que se llama a Nuestra Señora. La urbe había cambiado, pero en el sustrato inmaterial del sentimiento, sencillamente era la misma aunque, tal vez, a esas alturas ya éramos incapaces de darnos cuenta.

sábado, 14 de mayo de 2011

La Purísima

Suenan las canciones como la primera vez. La flor arde entre la atmósfera azul que parece tan inagotable como las rejas en los balcones que desafían lo infinito. La banderola que se desprende por la portada del Juramento se balancea hacia la luz como si San Rafael, desde el ara eterna que lo enmarca, volviera hablar a Roelas transmitiendo la noticia imperecedera. Por la cal de la pared, por la humedad de la noche, por el frío ajeno que recorre la piel como una gota que se disuelve en un universo la sin límites, se susurran certezas que vencen a la voz y se acurrucan en un susurro.

Camino de la Catedral, el canto se repite desde su santuario hasta San Antonio de Padua, desde allí a San Lorenzo para llegar casi tocar a perpetuidad el altar que la verá erigirse e irrumpir en mitad del templo. Desde el Colodro hasta el retablo de Lineros, más de siete siglos se condensarán en el instante en que la Conquistadora tenga otro apelativo más con el que se la nombre y, sin embargo, siempre estaremos diciendo lo mismo, siempre la estaremos llamando.

Dolores, Angustias, Fuensanta, Rosario, Socorro o Auxiliadora se repiten en la memoria de aquellas solemnidades que resistirán a nuestra propia historia. El de Linares es inminente, el del Carmen se aventura en el horizonte cercano de nuestros días. Pero, cuando repaso estas líneas, apenas quedan horas para que La Purísima Concepción de Linares sea coronada y la luz y la palabra se aúnen en un punto en el que, quizá, San Fernando pensó por un instante al traspasar junto a ella los muros de la ciudad que, una vez más, vuelve a contemplar el ejemplo de su historia en el rostro de la Purísima.